Impresión 3D y Medicina para el Cáncer de Piel

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Optimizar el tratamiento del cáncer es uno de los objetivos principales en oncología. La impresión 3D es utilizada para tratar el cáncer de piel con tumores pequeños. Gracias a esta nueva implementación, se planea trabajar de forma más rápida, eficiente y económica en el tratamiento de cáncer de piel.

Por esto, un grupo de investigadores de Universidad Rovira i Virgili (URV), en Tarragona, del Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV) y del Hospital Sant Joan de Reus han ideado mediante una impresora 3D una máscara que protege la piel sana de la radiación que se aplica en los tratamientos para el cáncer de piel. Ellos ocuparon el material PLA para elaborar el dispositivo protector.

Mediante esta nueva técnica, basta con realizar un escáner de pocos segundos de duración en el área corporal afectada. Acto seguido se introducen los datos en la impresora 3D y se espera a que la máquina haga su trabajo, mientras el paciente realiza sus actividades cotidianas con total normalidad.

En concreto, los científicos se han centrado en la zona nasal porque es la más irregular, aunque los resultados son aplicables a cualquier otra parte del cuerpo. Con la ayuda del escáner y la impresora 3D, los médicos podrán disponer de una pieza personalizada que permitirá proteger la piel sana que rodea el tumor que debe recibir radiación.

Para tratar un cáncer de piel suelen utilizarse dos tipos de tratamiento alternativos: cirugía o radioterapia. Una de las técnicas radioterapéuticas más frecuentes es la braquioterapia, que consiste en colocar material radioactivo directamente sobre la piel. Sin embargo, este material no distingue células ‘buenas’ de células ‘malas’, por lo que resulta imprescindible proteger las zona sanas para que no resulte dañada.

Para administrar el tratamiento, se fabrica manualmente una máscara que, al mismo tiempo, permite proteger la piel que no debe recibir radiación. Previamente, se elabora un molde del rostro con alginato. (Elaborado a partir de algas pardas y tiene propiedades gelificantes).

Para ello, se coloca en la cara del paciente un plástico sobre el que se pone el alginato para que tome la forma de la zona. Pasadas 24 horas, este molde en negativo se seca y se utiliza para crear, mediante varias capas de cera, la máscara que llevará el enfermo durante la radiación. Este procedimiento que resulta “ciertamente muy incómodo”, a demás de ser “proceso largo y laborioso, que implica que el paciente tenga que ir más de una vez al hospital”.

El procedimiento para elaborar la nueva máscara es muy distinto, ya que es mecánico: se escanea la cara del paciente para digitalizar la forma del rostro y, con la ayuda de un programa informático especializado, se diseña la máscara, que se envía a una impresora 3D, que la termina en siete horas. Esta técnica innovadora proporciona una solución más cómoda para el paciente, que únicamente debe permanecer quieto unos segundos, mientras el escáner manual pasa por delante de su cara, sin que sea necesaria una actuación directa en la piel, como si tuviera que hacerse una radiografía.

Esta impresión resulta ser mucho más rápida y económica, ya que no necesita de un material previo para el hacer un molde. De igual forma, se obtiene un ahorro en material ya que se puede realizar la impresión de zonas en especifico para el tratamiento.  Además, de esta forma se obtienen resultados más precisos y sin tener a los pacientes por mucho tiempo.

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